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Málaga, 29 de junio de 2022

Irene Fernández Hernández
Trabajadora Social

Almudena Macías León
Profesora del Área de Trabajo Social y Servicios Sociales, Universidad de Málaga

El abuso sexual en la infancia y la adolescencia constituye una de las formas de maltrato infantil más graves que existe, dejando consecuencias devastadoras a corto y largo plazo en la vida del/la menor. No es un problema reciente, sino que ha existido siempre. Se trata de un tema tabú, una pandemia silenciada, se ve como un crimen y no se piensa que pueda ocurrir a nuestro alrededor, por lo que se evita hablar de ello. Pero la realidad es que uno de cada cinco niños, niñas o adolescentes ha sufrido abuso sexual infantil antes de cumplir los 17 años (OMS, 2020) y en más del 50% de los casos, se ha producido antes de los 12 años (Save the Children, 2021).

La Organización Mundial de la Salud (1986) define el abuso sexual infantil (ASI) como la situación en la que “un niño es víctima de un adulto, o de una persona evidentemente mayor que él con fines de satisfacción sexual”. En este sentido, se considera abuso sexual en la infancia, “involucrar a un niño, niña o adolescente en actividades sexuales que no llega a comprender en su totalidad, a las cuales no está en condiciones de dar consentimiento informado o para las cuales es evolutivamente inmaduro” (Rebels, 2021).

Hoy en día, aunque se está visibilizando más y se está concienciando más del impacto del abuso sexual en la infancia y la adolescencia a través de los medios de comunicación de masas, las redes sociales y la opinión pública en general, favoreciendo así su detección; esto no es suficiente, sigue siendo una realidad oculta. Es un problema que afecta a todas las culturas y clases sociales y que, si no se detecta a tiempo, conlleva graves consecuencias para la víctima que pueden perdurar a lo largo de la vida. 

Tanto familias como profesionales se horrorizan al hablar del tema, dificultando así su detección. Ya que, como se ha mencionado anteriormente, es necesario una detección temprana para evitar que las consecuencias a corto y largo plazo se agraven.

Por ello, es necesario normalizar hablar de ello, así como ampliar la formación de los/as profesionales y de las familias para que así puedan prevenir que se produzcan casos de este tipo.

No obstante, la detección del abuso sexual es complicada, ya que la mayoría de los casos se producen en el ámbito familiar y por las personas más cercanas al menor, provocando su silenciamiento. Pero más se complica si se viven situaciones como la del periodo de pandemia. Según UNICEF (2020), los/as niños/as están más expuestos, en este caso, al abuso sexual cuando “cierran escuelas, se interrumpen los Servicios Sociales y Centros Médicos y se restringen los desplazamientos”, que es lo que ha ocurrido debido a la pandemia provocada por la Covid-19. Además de la familia, las escuelas y los centros médicos son los principales puntos de detección de cualquier situación de maltrato, ya que son los/as profesionales que más contacto tienen con los niños, niñas y adolescentes. 

Este artículo se basa en los resultados de un TFG (Fernández, 2021) que se presentó en el Grado de Trabajo Social. El objetivo del mismo era conocer la problemática del abuso sexual infantil en el ámbito intrafamiliar. Para conseguir este objetivo, se indaga sobre los posibles factores e indicadores de riesgo y protección. Ya que, como dijo Rutter (1999), cuanto más conocimiento se tenga de estos factores, mayor probabilidad de actuar con anticipación y así poder cambiar las condiciones que exponen a los/as personas menores de edad a sufrir daños.

Asimismo, se analizaron los recursos existentes en Andalucía para atención a menores víctimas de abuso sexual y el protocolo de actuación que se lleva a cabo en estos casos desde la perspectiva del Trabajo Social. En este artículo se presentan parcialmente algunos de los resultados del mismo. 

Para obtener dichos resultados, se llevó a cabo una revisión bibliográfica en la cual se consultaron diversos estudios sobre la problemática. Además, se entrevistaron a varias profesionales del ámbito social con el fin de contrastar y comparar los resultados obtenidos en las mismas con los de los estudios revisados.

Dicho esto, existen una serie de factores de riesgo que, aunque no sean determinantes, hay que tenerlos en cuenta a la hora de evaluar el abuso sexual infantil. A través de las entrevistas realizadas en el TFG (Fernández, 2021), se obtuvo como resultados que, entre los factores de riesgo más comunes entre las víctimas de abuso sexual, destacan el incremento del uso de las redes sociales por los niños/as y adolescentes, las familias desestructuradas, la pobreza, el aislamiento social, la discapacidad, la carencia de afecto, el consumo de alcohol y drogas, etc.

Sin embargo, se puede llegar a pensar que el sexo y la clase social son también factores de riesgo. Pero la realidad es que ni la cultura ni la clase social son factores determinantes.

Al igual que el sexo, que según Gil (1997), Vázquez Mezquita y Calle (1997), el hecho de ser niña si es un factor de riesgo, ya que, en los casos de abuso sexual intrafamiliar, la mayoría de los agresores son hombres heterosexuales. Pero, según las respuestas obtenidas a través de las entrevistas, el sexo no sería un factor de riesgo puesto que hay años donde predominan los casos en niños y otros años donde predominan los casos en niñas.

Tras los resultados expuestos, se llegó a la conclusión de que para evitar que se produzcan casos de abuso sexual hay que trabajar en disminuir los factores de riesgo y fomentar los de protección como son las habilidades de autoprotección, la alta autoestima, la comunicación entre progenitores e hijos/as, integrar socialmente al/la menor y sus progenitores, la supervisión de los progenitores, etc. 

También, es muy importante que haya una adecuada coordinación entre las instituciones dedicadas a trabajar con menores, para que la intervención se realice de la mejor forma posible y el/la niño/a sufra el menor daño posible.

Y, en cuanto al papel del Trabajo Social y de la familia, ambos son de vital importancia en el proceso de intervención del/la menor. Ya que, en el primer caso, los/as trabajadores/as sociales realizan diversas funciones en beneficio y protección de la persona menor de edad y su entorno familiar. Y en el segundo caso, porque la familia es el punto de apoyo de los/as niños/as y adolescentes, su figura de referencia, y, sin ésta, los avances del/la menor podrían verse afectados.

A modo de conclusión, he de decir que la búsqueda de bibliografía referente al abuso sexual no ha sido compleja, se han encontrado numerosos documentos, pero si que ha habido dificultad a la hora de encontrar información y estadísticas recientes, teniendo que ampliar el campo de búsqueda a los últimos diez años.

Dicho esto, se ha podido comprobar a lo largo de la investigación realizada, que hay poca información entre la población acerca del abuso sexual, sobre cómo detectarlo, cuáles son sus consecuencias y qué factores de riesgo y protección predominan en estos casos. Todo ello se debe a la escasa formación de los/as profesionales y de las familias.

La mayoría de las personas entrevistadas para el TFG (Fernández, 2021), coinciden en la importancia del Trabajo Social en la intervención de este problema y en cómo esta profesión ha de coordinarse y trabajar de manera interdisciplinar con otros/as profesionales de diferentes ámbitos para poder realizar la intervención de manera eficaz.

La clave para erradicar esta problemática está en prevenir, detectar y saber actuar. Es necesaria una detección precoz; una prevención primaria dirigida a incrementar la información, proporcionar pautas de relación positiva y autodefensa, mejorar la comunicación y confianza entre los cuidadores y los niños, niñas o adolescentes, normalizar la sexualidad, promover la educación afectivo-sexual, entre otros; una prevención secundaria destinada a las poblaciones de riesgo (familias desestructuradas, miembro con diversidad funcional, en situación de pobreza…); una prevención terciaria orientada al/la menor, familia y persona agresora; y, por último, más formación a profesionales y familiares para saber cómo actuar en estos casos.

Es por ello, que considero necesario establecer algunas propuestas de mejora que han ido surgiendo a lo largo de la investigación, como son las siguientes:

  • Más sensibilización e información a través de campañas de fomento de la detección activa por parte de instituciones públicas. La población, en general, cuenta con información muy limitada sobre esta problemática, hablar del tema es de vital importancia para la sanación de las víctimas y para que se reduzca el número de casos. Además de que los/as distintos/as profesionales que intervienen en estos casos no están lo suficientemente preparados para tratar un problema tan complicado. 
  • Más reconocimiento a las instituciones y asociaciones que si cuentan con formación suficiente en materia de abuso sexual en la infancia y la adolescencia.
  • Talleres y charlas de mejora de habilidades sociales de comunicación y confianza bidireccional entre progenitores e hijos/as.
  • Una educación afectivo-sexual clara y cercana desde la infancia, por parte de la familia y de los centros educativos.
  • Más recursos públicos para menores víctimas de abuso sexual y también para aquellas víctimas que han cumplido la mayoría de edad y siguen con dificultades para desarrollar su vida de manera cotidiana.
  • Fomentar la investigación del uso de las nuevas tecnologías y, por consiguiente, de la aparición de nuevas formas de abuso sexual como el grooming, sexting o happy slapping.
  • Investigar sobre el impacto y las consecuencias de la Covid-19 en el abuso sexual infantil y su consecuente aislamiento social preventivo y obligatorio.

Tras lo expuesto, se puede resumir que el abuso sexual infantil es un problema grave y difícil de detectar y que, por ello, es necesario que familiares, profesionales y niños, niñas y adolescentes reciban una formación integral con el fin de prevenir que se produzcan más casos de esta índole.

Bibliografía

Fernández, I. (2021). Abordaje del abuso sexual infantil intrafamiliar desde el Trabajo Social en Andalucía [Trabajo Fin de Grado no publicado]. Grado en Trabajo Social, Universidad de Málaga.

Fundación General de la Universidad de Málaga. (15 de marzo de 2021). III Jornadas ASI y Feminicidio Universidad de Málaga (primera jornada) [Archivo de Vídeo]. Youtube https://www.youtube.com/watch?v=fzoxzO7-Y8Q

Fundación General de la Universidad de Málaga. (15 de marzo de 2021). III Jornadas ASI y Feminicidio Universidad de Málaga (segunda jornada) [Archivo de Vídeo]. Youtube https://www.youtube.com/watch?v=Um9P5cssIMw&t=6533s

Gil, A. (1997). Los delincuentes sexuales en las prisiones. En M. Lameiras y A. López (Eds.), Sexualidad y salud (pp. 181-214). 

Organización Mundial de la Salud (8 de junio de 2020). Maltrato infantil. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/child-maltreatment

Rutter, M. (1999). Resilience concepts and findings: implications for family therapy. Journal of family therapy, 21 (2), 119-144. https://doi.org/10.1111/1467-6427.00108

Save the Children (18 de noviembre de 2021). Los abusos sexuales hacia la infancia en España. https://www.savethechildren.es/actualidad/analisis-abusos-sexuales-infancia-espana

UNICEF, (10 de abril de 2020). No dejemos que los niños sean las víctimas ocultas de la pandemia de COVID- 19. https://www.unicef.org/argentina/comunicados-prensa/no-dejemos-ninos- victimas-ocultas-pandemia-covid19Vázquez Mezquita, B. y Calle, M. (1997). Secuelas postraumáticas en niños. Análisis prospectivo de una muestra de casos de abuso sexual denunciados. Revista de Psiquiatría Forense, Psicología Forense y Criminología, 1, 14-29.

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